15.8.10

La lucha con lo obvio

Es inútil pelearse con lo real. Algunas veces, cuando lo que ocurre en nuestra vida no se corresponde con lo que es bonito o verdadero para nosotros, nos sentimos incómodos, tristes, enfadados, avergonzados o solos. No nos damos cuenta de que, por mucho que intentemos cambiar nuestros sentimientos cambiando la realidad, ésta nunca cambia.

No tengo más remedio que acudir aquí a una expresión que tantas veces escuche a mi querido profesor, algo abstracta pero que expresaba perfectamente lo que ahora quiero decir: "lo que es, es". No importa nuestra percepción, nada puede hacer nuestra voluntad: lo que ha ocurrido en el presente no se puede cambiar.

Decíamos más arriba que nuestro aprendizaje categoriza la realidad, informando al pensamiento de lo que es correcto o incorrecto, verdadero o falso, agradable o desagradable para nosotros. Resulta evidente pensar que todo aquello que cae, desde nuestro punto de vista, del lado de lo falso, incorrecto o desagradable nos acaba provocando algún tipo de incomodidad o malestar. Pero esa emoción nada nos dice de la realidad en sí misma; sólo nos informa sobre algo de nuestra percepción.

Cada cosa, cada realidad en el mundo tiene su propia belleza, a su manera. Lo que para mí es bello, para ti no lo es; lo que para mí es agradable, para ti no lo es. Cuando nos creemos nuestros pensamientos propios y les damos categoría de verdad absoluta, nos alejamos de la realidad; nos quedamos bloqueados, angustiados en el peor de los casos. La tarea de la mente es demostrar que lo que piensa es verdad, y lo logra juzgando y comparando esto con aquello.

Sin embargo, "por su propia naturaleza, la mente es infinita. Una vez que ha cuestionado sus creencias, puede encontrar belleza en todas las cosas; es así de abierta y libre. Así es cómo el mundo es realmente" (Katthleen B., 2007). Por eso, una mente que no es capaz de cuestionarse sus propios pensamientos, acaba provocándonos más sufrimiento que bienestar. Categorizar la realidad y organizarla en opuestos nos sirve para aprender y adaptarnos al mundo en que vivimos, pero cada cosa, cada persona, así como son en sí mismos, son perfectas más allá de nuestra capacidad de juicio.

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