19.9.10

El fondo virtuoso

Se pueden diferenciar, por lo tanto, dos realidades en nuestra experiencia: de una parte está la experiencia objetiva que corresponde a la experiencia que tenemos de la realidad tal cual es; y, de otra parte, está la experiencia subjetiva de la realidad, que corresponde a la realidad como la vemos. Nuestro pensamiento, en un intento de comprender lo que le llega, completa la información con datos de su "fondo de armario". En este ejercicio de completar lo que no obtenemos de la realidad objetiva es donde más claramente puede verse nuestra tendencia y sesgo egoico.

En cuanto al primer modo de entender lo real, puede afirmarse que hay diferentes maneras directas de percibirla, cuando ésta es percibida sin el filtro de la personalidad: serían como visiones de la realidad libres de los prejuicios personales. Este modo objetivo está al fondo de todo lo percibido; es el hilo oculto que vincula todas nuestras experiencias, aunque acabemos matizando los pensamientos conscientes de aquel sesgo del ego al que nos hemos referido repetidamente.

Estos modos más reales de percibir la realidad la describen de un modo muy profundo, por lo que está mucho más allá de nuestra visión convencional de las cosas. Cada uno de nosotros tenemos un modo personal y característico de enfocar lo real. Somos más sensibles a un modo objetivo de aprender lo real que es característico en cada uno de nosotros, como un modo peculiar de comprender la vida. Son las experiencias cotidianas las que afectan a dicha comprensión, lo que constituye la pérdida de contacto con nuestra naturaleza esencial de un modo más o menos completo a medida que desarrollamos la estructura de la personalidad.

Aquella mirada real y objetiva es profunda y virtuosa: nos ofrece una comprensión inmediata y tranquila de la vida.

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