1.10.10

La búsqueda

Hablábamos ayer de cómo los padres nos influyen en su tarea de criarnos y educarnos. E intenté expresar mi opinión sobre la importancia que tiene el niño en esa relación puesto que él se centra en las características particulares de los padres y sus relaciones con él, así como en las experiencias concretas que se produzcan por su predisposición sensible. Se puede decir, por tanto, que cada niño pone en marcha aspectos concretos de la personalidad de los padres, así como maneras de interactuar específicas; puede decirse, a mi modo de ver, que los padres son personas distintas para cada niño. Quiero hacer énfasis en la predisposición y la sensibilidad del niño como determinante, en parte, de cual haya de ser en definitiva su relación con el padre. En cualquier caso, cómo se comporta el padre no determina, prácticamente, la personalidad del niño.

Hoy diré algo sobre esa especificidad o predisposición sensible del niño a la que, en otras entradas, ya me he referido. Se trata de la esencia; aunque cada uno de nosotros tenemos muchas cualidades, una de ellas sería la predominante, cualidad desde la que nos relacionamos con el mundo.

Creo que precisamente esa especial cualidad de nuestra esencia personal se convierte en el antídoto al sufrimiento y/o a la sensación de carencia que todos, en definitiva, padecemos. Aunque el ego -según se ha dicho repetidamente- nos empaña los ojos y nos impide ver la realidad como es, aquella cualidad esencial se expresa, de algún modo, en nuestro comportamiento, en nuestras metas, nuestras aspiraciones y nuestra pose en la vida. Buscamos todo aquello que en esencia ya poseemos.

Pero esa búsqueda la realizamos afuera y, por ello, fracasamos. Del mismo modo que algo externo nunca puede llenar una sensación de carencia interna, el adquirir cosas que encarnan aquella cualidad de nuestra esencia, de igual modo, no resuelve el dilema interno de cada persona. Por esa razón, ningún sentido tiene para mí pretender encontrar en el cambio de nuestros padres o, en el peor caso, en su culpabilización, la solución a nuestro sufrimiento.

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