5.9.10

La "ceguera" de nuestros ojos

Lo normal es que no reconozcamos lo limitada que es nuestra experiencia de la realidad. Por decirlo de un modo sencillo, nos gusta lo "conocido"; es más, nos gusta el modo que tenemos de acercarnos a la realidad, y eso provoca que la miremos casi siempre desde el mismo punto de vista. Habitamos en un mundo personal que nos confina de un modo innecesario ya que, como ahora podemos ver, esto nos sucede a todos y es difícil coincidir.

Tal vez sintamos sólo una vaga insatisfacción, una tenue sensación apagada de la vida, y/o una falta de sentido y plenitud en nuestra existencia, a pesar de que hagamos los mejores esfuerzos para estar satisfechos con lo que la sociedad nos ha dicho que nos hará felices: dinero, posesiones, posición, poder, fama o relaciones. En los casos más preocupantes, la sensación de llevar una vida restringida puede ser más aguda, lo que se manifiesta en forma de una dolorosa y persistente sensación de ineptitud, carencia, vacío o inutilidad. Las épocas de crisis personal pueden llevar estas sensaciones cerca de la superficie, dejándonos ver, de algún modo, un atisbo de nuestra ceguera.

La crisis se convierte así en una magnífica ocasión para ver lo que verdaderamente hay. Aquellos atisbos son el inicio de nuestra posible escapatoria de la "cárcel" del ego, puesto que saber que estamos en una especie de prisión puede dar paso a la posibilidad de otra alternativa. Algo de esto se dijo al hablar de la creatividad.

Por tanto, el trabajo es  intentar ver que la vida es algo más de lo que creemos, que hay "otros" modos de sentir, percibir y pensar que, con perseverancia, nos sacará del encerramiento de nuestras restricciones internas. No es fácil, pero el camino puede verse entre la espesura de la vegetación: ¿qué sería para ti ver la realidad desde una perspectiva diferente? ¿Te cuesta hacerlo? ¿Te lo permites?

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