12.9.10

La integración de la persona

Si echamos una mirada a lo que nos dice la física moderna en sus estudios sobre la materia, al estudiarla con los modernos microscopios de amplían su imagen millones de veces, vemos que la materia está formada prácticamente por espacio vacío y que su continuidad y solidez viene dada por la percepción que nuestros sentidos tienen de ella. Lo mismo sucede con nuestro mundo interior: lo que parece absolutamente real en la consciencia habitual resulta no ser tan sólido ni continuo cuando lo observamos con detenimiento.

Al desarrollar la capacidad de estar continuamente presentes, al estilo de lo que decíamos ayer, y conectar a fondo con nuestra experiencia real con curiosidad por sus contenidos, podemos empezar a ver la realidad sin la distorsión de nuestra película interna. Poco a poco podremos ir llegando más profundo en el significado y la finalidad de nuestras vivencias, e irán revelándose por sí mismos niveles cada vez más profundos de realidad que no forman parte de esa trama. Así nos pondremos progresivamente cada vez más en contacto con lo que hay más allá y es más básico que el filtro del ego: nuestra verdadera naturaleza humana, que se desplegará en toda su dignidad, y la naturaleza de todas las cosas.

Por esta razón, siempre me pareció que el trabajo psicológico es inseparable del trabajo de crecimiento personal. Lo que sufrimos lo hacemos desde el prisma de nuestro ego. Si lo desenmascaramos, se diluye y nuestra vivencia íntima se transforma. Buscar nuestro crecimiento personal sin “tocar” nuestra manera de ser habitual (nuestra personalidad) no conseguiremos resolver los temas muy asentados y faltará la verdadera integración de lo que el ego hizo durante tantos años en nuestra biografía. Al revés, un trabajo psicológico sin buscar el crecimiento personal haría tomar como real nuestro comportamiento “mandado” por el ego. Lo esencial no aflorará.

El camino propuesto para conocernos cada día un poco más y más profundamente es el de la presencia en nuestras vivencias del aquí y el ahora: así llegaremos a sentir destellos de comprensión de lo que nos ocurre, cómo nos ocurre y para qué nos ocurre, de lo que hacemos, cómo lo hacemos y para qué lo hacemos.

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