22.9.10

¿Qué camino has elegido?

De lo dicho hasta ahora puede concluirse que todas las "virtudes" están presentes dentro de nosotros, aunque es una de ellas la que predominaría en nuestra mirada al mundo si no fuera por los "ruidos" que lo impiden, provocando que, ante el mundo, nos mostremos con una pose adaptativa más o menos egoica.

Demos un pasito más. Esa pose cristalizada en nuestra mirada se configura de tal modo que nuestro mundo emocional también  se escora hacia un sentimiento de fondo permanente: es una atmósfera de aire emocional que llena todos los espacios aparentemente vacíos de la vida. Es un trasfondo emocional continuo que aparece de manera reactiva a nuestra vivencias. Estas reacciones suelen ser compulsivas y automáticas creando así un bucle de negatividad que nos arrastra en cada experiencia hacia lo más superficial de nuestro yo. Y poco a poco nos vamos construyendo una armadura que con su dureza cada día mayor nos defendemos del mundo como si éste quisiera hacernos daño. Es el peso de esta armadura el que nos impide quitárnosla para ver limpiamente nuestro lado más virtuoso. Cuanto más vivimos cargando las defensas emocionales y reactivas, más lejos estamos de la esencia personal.

Por contra, cuanto más objetivos nos volvemos y menos atentos estamos a nuestra película subjetiva, con más facilidad puede aflorar a la superficie de nuestro comportamiento lo más virtuoso de nosotros mismos y con más probabilidad viviremos la vida con el matiz de aquella emoción básica positiva que más nos caracteriza, impidiendo así la presencia de los sentimientos más reactivos y compulsivos.

Puede concluirse, por tanto, que cuando más nos experimentamos íntimamente de un modo verdadero, más se desarrolla nuestra virtud y más nos sintonizamos con las emociones gozosas de nuestra existencia.

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