9.9.10

¿Qué gafas te has puesto?

La personalidad, según hemos venido diciendo, podría entenderse como esa parte de nosotros que se va configurando mediante ideas y creencias basadas en el pasado y que nos alejan, puede que de manera definitiva, de quienes somos originalmente. En parte, el trabajo que se propone pasa por revisar cómo hemos construido nuestra personalidad para conocer las carencias individuales que tenemos grabadas en nuestra intimidad y que nos alejaron de nosotros mismos.

Las carencias del ego pueden experimentarse como un vacío interior, falta de sentido, falta de dirección, inutilidad; una sensación de falta de substancialidad, valor, estima; una sensación  de ineptitud o carencia. Estos son sólo unos pocos sabores de este desagradable estado. Y desprovistos de nuestros antiguos modos de eludir este estado de deficiencia del ego, éste persiste para la mayoría, por no decir para todos, a pesar de la plétora de intentos de evitarlo y todas las experiencias sublimes y emocionantes que tengamos.

Así, podemos afirmar que cada uno de nosotros tenemos una experiencia interna de nosotros mismos con dos caras o dos categorías: de una parte estaría la personalidad, que se relaciona con la experiencia egoica, y, de otra, estaría la parte de nosotros mismos que está más allá del sí mismo condicionado, nuestra esencia personal. Empleando un paralelismo puede decirse que, al principio de la vida, tenemos una visión real; conforme vamos formando nuestra personalidad, nos ponemos gafas que nos dan una visión fija de lo que nos rodea, pero cada vez menos fiel a la realidad. La pérdida de nuestro modo de ver la realidad desde la esencia, provoca que pensemos que la realidad es como esa distorsión cognitiva nos dice que es.

Aunque no es fácil dejar de ser la persona que creemos ser, estamos en el camino.

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