28.9.10

¿Tú cómo me ves?

Quiero suponer que todos estáis de acuerdo conmigo en la idea de que, incluso en aquellos más cuerdos, hay en cada uno de nosotros algunas trazas de locura. Y ya ha quedado dicho que nos hacemos más conscientes de ellas cuanto más hondo buceamos en nuestro interior. De alguna manera, el predominio relativo de momentos en los que "funcionamos" gobernados por aquellas trazas es un barómetro del grado de salud psicológica, independientemente de que nuestra estructura de la personalidad sea más continúa o más rígida y, por lo tanto, más frágil.

Es muy habitual que, a poco que miremos hacia dentro, encontremos discrepancias entre cómo nos comportamos exteriormente y la experiencia interna real que tenemos de nosotros mismos. Esto lo constatamos en los espejos que los demás son para nosotros; sólo tenemos que preguntarles: ¿Cómo describirías mi personalidad? Háblame de cómo se me ve.

Éste es, para mí, un ejercicio muy interesante que nos informa de hasta qué punto somos como somos realmente o, por contra, nos mostramos de un modo que, aunque nos resulta más adaptativo -sin duda alguna-, nos obliga a esquivar la verdad de nuestras vivencias. Es divertido, si me permitís la comparación, verse a uno mismo vestido como un torero en plena faena, lidiando con las amenazas "externas" como si de un toro se trataran; o mejor aún, ¿no os parece que, muchas de las veces, cuando perdemos el contacto con nuestro modo más verdadero de ser, somos como esos "recortadores" que van de plaza en plaza, adoptando posturas imposibles para que el cuerno del toro apenas le roce? No queremos que nos empitone, pero tampoco podemos permitir que nos pase demasiado lejos pues nos pitaría el público en señal de protesta.¡Qué curioso!

Existe una tenue línea entre tomarse la personalidad demasiado en serio y alimentar, por lo tanto, inadvertidamente nuestra identificación con ella -creyéndonos ser recortadores en vez de personas-, y no tomarla en cuenta o ser insensibles a sus manifestaciones. Tendremos que tratarnos con todo el cariño del mundo cuando nos miramos, puesto que a veces pareceremos auténticos bufones que no hacen más que entretener al público.

Y ... ¿tú cómo me ves?

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