7.10.10

Caminantes

«Caminante, no hay camino, se hace camino al andar ... », canta el poeta. Lo mismo podemos decir sobre nuestro crecimiento como personas: avanzamos en la misma medida en que lo queremos hacer; crecemos en el momento en que dejamos de mirar afuera para, en un acto de valentía suprema, observar nuestro interior y asumir que somos los únicos responsables de lo que nos ocurre en la vida.

Considero que a cada uno nos caracteriza una virtud. Y esa virtud nos marca, por así decirlo, el lugar donde debemos introducir la pelotita de golf. Somos nosotros quienes decidimos la dirección y la fuerza con la que la golpeamos. Ahí está lo divertido del juego: conseguir introducirla en la menor cantidad de golpes posible. Tenemos la posibilidad de salir al campo y arriesgarnos o, por contra, podemos optar por quedarnos en la grada, viendo como los demás se la juegan para terminar, en cualquiera de los casos, más contentos y más satisfechos que al principio de la partida. En este juego, nuestro juego de la vida, lo importante es participar.





El camino siempre resultará suave y delicado: ¿has observado cómo se mueve la bailarina? Sin embargo, le habrá llevado muchas horas de práctica expresarse de ese manera. En su práctica tenaz se ha hecho fuerte y virtuosa, pero ¡qué fácil parece! Lo mismo ocurre en nuestro caminar: aquella virtud que nos es más propia nos sirve como orientación interna del proceso y se vuelve progresivamente más presente y vivenciada cuando más trabajamos en nosotros mismos. Para luego sentir que no era tan difícil.

Queda para nosotros la decisión de bajar al ruedo y exponerse a la cornada de sentir cuanto nos está aconteciendo o permanecer sentados y narcotizados por la realidad que, en el mejor de los casos, nos resultará emocionante en algunos momentos y poco satisfactoria en la mayoría de ellos.

No hay comentarios:

Deja tu comentario: