6.10.10

Un vínculo complejo

Lo expresado ayer supone un vínculo complejo. Sin embargo, no me parece difícil de entender. Veámoslo.

Hemos dicho que en el fondo de nuestro sufrimiento está la imposibilidad de percibir la realidad tal cual es. Y, como una parte especialmente relevante de esa realidad, carecemos de la percepción virtuosa de nosotros mismos; no somos capaces de tomar contacto con nuestra esencia. Sin esta percepción, la realidad se nos aparece como un campo de batalla en el que luchamos por la supervivencia y en la que los demás son desafíos potenciales: una suerte de amenaza, más o menos dañina.

Si supiéramos que poseemos esa base interior, si pudiéramos tomar contacto con nuestra esencia personal, experimentaríamos las sensaciones agradables de apoyo, confianza, valor, plenitud, ... en definitiva viviríamos en paz desde la vivencia tranquila de la fe, la esperanza y la caridad que a todos nos han enseñado. Sin embargo, sin esa percepción de nuestra realidad más profunda, no hacemos más que intentar comportarnos «como si». De algún modo, tendemos a comportarnos «como si» tuviéramos el Ser que más íntimamente nos caracteriza, en un intento de encarnarlo de manera vivencial. Pero en ese intento vacío de contenido y volcado hacia afuera -en donde comprobamos que, efectivamente, nos estamos comportando como deseamos- buscamos el apoyo, la seguridad y el cariño que necesitamos en los demás, sin darnos cuenta de que es el Ser lo que sostiene nuestra existencia.

Te propongo que, a partir de ahora, mires bien cómo haces, cómo sientes y cómo piensas, pues ahí es donde encontrarás los sucedáneos de aquello que más identidad te da y en lo que te puedes apoyar con la confianza de que sentirás la tranquilidad y la plenitud. Lucharás con miedos y fantasmas y, a lo largo del camino, tendrás la oportunidad de aprender a no maltratarte.

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