16.12.10

El miedo

Con todo lo que hemos aprendido desde que mamá nos llevó por primera vez al colegio -¡han pasado ya algunos años de eso!- y aquí seguimos apegados al libro y al cuaderno para sacar unas notas de lo que nos parece más importante. Tenemos mucha información en nuestra memoria, mucha más de la que creemos tener. Sin embargo, con frecuencia nos limita en nuestro crecimiento una barrera que se nos muestra como infranqueable: la elección del sentido de nuestra vida y, como consecuencia de eso, cómo estamos viviéndola.

Creo que el hecho de plantearnos esas dos preguntas ya es el comienzo del cambio: ¿para qué estamos vivos? ¿Cómo estamos en la vida? A la primera pregunta ya le he dedicado algunas entradas en los pasados meses de septiembre y octubre. Acerquémonos a la segunda.

Hoy he sentido miedo. Al terminar mi trabajo he salido a pasear de nuevo. Hacía mucho frío. Pero quería probar a correr un poco, suave, sin grandes objetivos, sólo correr y sudar la camiseta. Al dar los primeros pasos, he notado la punzada del miedo en cada una de las zancadas; miedo a que se reprodujera la lesión que me ha impedido correr. He notado cómo he estado en la vida durante los últimos meses, muchos meses: con miedo. He recordado unas palabras de Castaneda que encierran una gran sabiduría: el miedo es el principal enemigo en el camino a la libertad.

¡Qué frío hace! Los charcos están helados.

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