23.12.10

Gratitud

Soneto XXX de William Shakespeare
Cuando en dulces sesiones, de meditar silente,
convoco en mi recuerdo los sucesos ya pasados,
suspiro la ausencia de tantas cosas queridas
y culpo con lamentos el tiempo que he perdido.

Puedo entonces mojar mis ojos, ignorantes al flujo,
por aquellos amigos que se tragó la noche
y renuevo mi llanto, con penas ya olvidadas
lamentando la pérdida de imágenes desvanecidas.

Me lamento de penas y desgracias pasadas
y cuento nuevamente de dolor en dolor
la tristísima cuenta de renovados llantos,
pagando nuevamente lo que antes ya pagué.

Pero si mientras tanto, pienso en ti, querido amigo,
mis pérdidas reparo y desaparecen mis penas.

Hoy siento la paradoja del vivir. Y me pregunto cómo puedo afrontar lo que, en otro momento de mi vida, me habría rotos en mil pedazos. Lo cierto es que, al fin, me queda la caricia de quien, en silencio, sintió y quien, sin apenas querer ver, me movió parte de lo que soy ahora. La gratitud me tiene con el corazón en un puño y el estómago "apretujado"; y si no fuera por lo poquito que sé, bien me diría el psicólogo que tengo ansiedad, que me calme y que vea las cosas desde su perspectiva más positiva. No, no estoy ansioso. Ligeramente descentrado por acontecimientos difíciles de acarrear, sí. Pero he recibido el apoyo, el cariño y el sostén de muchos amigos que, silentes como dice el poeta, sufren también lo suyo y esperan mi apoyo.

Siento infinita gratitud por el cariño que me habéis ofrecido. Mi zurrón está repleto de vuestras "caricias". Es un precioso regalo que he recibido en esta Navidad. Ha sido tan inesperado como entrañable.

Hoy os propongo una reflexión tranquila sobre la amistad. De México me traje las palabras con las que os quiero felicitar las Navidades:

Feliz Navidad, amigo mío, In lakesh.





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