29.12.10

La noria

Y la luz venció a la oscuridad. Como no podía ser de otra manera, pues lo que nos encontramos al amanecer no hace más que seguir los pasos de lo natural. La vida en movimiento circular como el de la noria que sube y baja, y vuelve a subir, y vuelve a bajar,  y que no deja de mostrarse implacable hasta en nuestro estado de ánimo. Iluminada con mil colores que cambian al son de la música y el siempre vigilante bullicio de los visitantes, su movimiento nos arrastra hasta el silencio de las alturas donde el jolgorio se hace sordo para tornarse en murmullo y la imaginación nos lleva a escenas bellas guardadas con mimo en nuestra memoria; quién sabe si algún día fueron realidad o son sólo composiciones armónicas pertenecientes al reino de las imágenes.

A veces la vida me recuerda las fugas de Bach: las líneas melódicas no dejan de comenzar una vez y otra, entrelazándose para formar una obra fantástica. Cada nota tiene su sentido en el conjunto, aún en la disonancia. El final es simple, como la vida misma. También nuestras emociones se superponen unas a otras, en sus distintos colores, matices e intensidades para, por fin, componer un hermoso tapiz. A veces un hilo adquiere vida propia y se va más allá de donde queríamos anudarlo. Las emociones aparecen en nuestra vivencia para algo: aún en la disonancia, por muy desafinada que nos parezca, tienen un para qué. Para qué huir?

Feliz día.





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