28.12.10

Precipitación

Ha llegado la Navidad y, aunque con precipitación, la hemos vivido más o menos como siempre, ¿no es cierto? Solía ser divertido pasar unos días de vacaciones, sin ir al colegio, poner el Belén en una gran tabla recubierta de papel, a la que le íbamos añadiendo -con una cierta precipitación- cada una de las figuritas que acompañarían el Nacimiento y a los Reyes Magos, cada día más cerca del Portal. Con la misma precipitación llegaba la Nochebuena y el día grande de la Navidad, día de visitas y visitas a todos los familiares para, con precipitación ¡cómo no!, acabar llegando tarde a casa para comer. Y recibir la corrección de la madre siempre atenta y precipitada por querer tenerlo todo a punto para los suyos.

Este año, por razones que no vienen al caso, he vuelto a vivir con precipitación estos días que desearía llegar a vivir con la calma y el sosiego que el recomenzar vital merece. No lo he conseguido. Apenas ahora estoy teniendo unos momentos de quietud y me doy cuenta de vivencias de estos días que, sólo por debilidad, no supe disfrutar cuando la magia flotaba y el Niño Jesús me estaba mirando.

Pienso que el designio aún puede cumplirse y os propongo levantar la copa para que aunemos fuerzas en el deseo común de que sepamos vivir con consciencia la propia búsqueda y también para que consigamos convivir con las personas amadas, aún cuando el perdón necesario sea esquivo. ¡Por el amor!

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