14.12.10

Un respiro

Hoy ha salido el Sol y mi paseo de esta mañana me ha sabido delicioso, pisando las hojas de los sauces o de los álamos, también de algún chopo, húmedas por el rocío de la noche. Me gusta pasear por la mañana por la ribera del río antes de comenzar la jornada de trabajo. Sin embargo, hoy ha sido diferente. Y sólo encuentro un detalle que diferencia el rato de hoy al compararlo con el de otros días: me he dejado el aparato de música y los auriculares en casa; un olvido que me ha servido, al fin y a la postre, para darme cuenta de lo productivo que puede ser un tomarse un respiro y pensar en soledad.

Durante todo el trayecto, me han martilleado en la cabeza las palabras de un amigo muy querido con el que tuve el privilegio de compartir la comida de ayer: "quien no se toma un rato a diario para estudiar, pensar sobre lo estudiado y escribir sobre lo que le ha sugerido la reflexión, puede considerarse cognitivamente muerto".

Cuando nos tomamos un respiro y nos damos la oportunidad de pensar, fundamentalmente sobre nosotros mismos, afrontamos nuestra postura ante cualquier hecho que nos acontece, sin la presión de nuestros interlocutores ni la pasión del momento en el que estamos viviendo. Esa toma de contacto con nosotros mismos, en silencio, en soledad, nos permite mirar nuestra realidad sin que nada interfiera. O, tal vez, sea el único modo de darnos cuenta de cómo nos interfiere nuestro propio pensamiento.

¡Qué agradable el paseo de esta mañana!

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