15.1.11

Disonancias en "f"

Es tarde. La noche ha pasado ya su ecuador y las calles están en silencio. El cansancio, en estos casos, empuja suavemente al descanso que haya de revitalizarnos. Es el ciclo de la vida. Reviso a conciencia qué ha sido de mí hoy y me detengo en algunas melodías estridentes que, con dolor, he palpado con mis propias manos. La lluvia cae con fuerza. Las lágrimas limpian el alma de la angustia de su soledad que, terca, vuelve una y otra vez al lugar del primero de la fila. Los hechos son tozudos. Ayer se quejaba con rencor cuando sólo deseaba un beso y hoy llora su ausencia y el anhelo de su presencia. Los hechos son tozudos. ¿Quién soy? ¿Cómo siento? ¿Cómo me siento? ¿Cómo me siento conmigo mismo? Camino tortuoso el del conocimiento de uno mismo, pero inevitable para la salvación del hombre. ¿Por qué se pararon mis piernas si quería caminar e ir a su encuentro? ¿Para qué gritar si deseo besar? Qué armónico tan disonante el que se forma con el miedo o con el enfado. Ha dejado de llover. Mis oídos ya oyen el silencio. Es el ciclo de la vida. Cabeceo y me despierto sobre el teclado con una ffffffffffffffffffffffff eterna que, rellenando muchos renglones, he tenido que borrar. La noche ha avanzado un poco más en mi inconsciencia. Es tarde.

Mañana, con la fuerza del cuerpo descansado, buscaré los mejores acordes a mi melodía.

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