17.1.11

Jeroglífico

El paseo por la margen derecha del río le resultó breve; quisiera haberlo alargado más allá de lo posible. Sería el único regalo de ese año y lo degustó con fruición; un paso... y otro más... y todavía otro más..., mientras los árboles de la ribera, desnudos, contemplaban la escena. El tiempo se detuvo. Y su pensamiento lanzó miradas escudriñadoras al futuro. Rápidamente volvió a lo real y se sintió alegre, pleno y en paz. En adelante, los saludos de las ramas sobre el agua tranquila del río le harían sonreír.

El manejo de las emociones no es nada fácil. Son la puerta de nuestro conocimiento personal y conviene prestarles mucha atención. Nos informan con bastante precisión de lo que nos está ocurriendo. Pero no son más que eso, medios de comunicación. Apegarnos a ellas no puede aportarnos nada pues, en sí mismas, las emociones no son nada. Comprendido su mensaje, pierden su sentido. De hecho, incluso si no lo desciframos, se desvanecen.

Apegarse a las emociones negativas impide el avance personal en la vida. Pero si intentamos descifrar su significado -¿para qué le sirven al ego?- habremos encontrado la senda de la liberación. Es paradójico, lo sé. Piensa para qué te sirve enfadarte siempre por lo mismo y tal vez descubras algo de ti mismo. Y la emociones que sentimos por nuestro cuerpo, nuestra manera de ser, nuestra manera de responder y de interactuar... son las que más información pueden darnos.

Por contra, en el aquí y el ahora siempre hay algo positivo: sólo tenemos que descifrar el jeroglífico. Si logramos cambiar lo que sentimos por nosotros mismos, cambiará toda la experiencia de la vida. Un paseo puede convertirse en la fuente de alegría del presente, de cada momento presente.


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