4.1.11

Ritmo

El día ha amanecido llorica; los edificios de la ciudad se van difuminando conforme vamos elevando la mirada, para desaparecer por la densidad de la niebla. Acabo de entrar en la boca de metro más cercana y los rostros se me muestran adormecidos. Apenas se oye nada salvo el traqueteo de los vagones y la voz metalizada que anuncia la llegada a cada una de las estaciones. El tiempo parece enlentecerse hasta hacerse infinito en su rítmico avance segundo a segundo. A la salida, de nuevo la niebla se coloca como una catarata que impidiera ver la realidad tal cual es.

Ya en el tren, la ciudad se queda atrás. Recuerdos, impresiones y evasiones han quedado guardadas en el ritmo de aquellos acordes perfectamente armónicos, interpretados con pasión, por los músicos de la banda. Los graves resonaban con fuerza en el pecho. Los agudos simplemente acompañaban para formar un cuadro maravilloso. Simplemente espectacular!!







La catenaria del tren forma imágenes asombrosas cuando se circula a alta velocidad. De un modo rítmico se van superponiendo los cables eléctricos. Me ha recordado el modo como las personas sentimos:  música y pasión; niebla y velocidad; ritmo y compromiso. Y luego el descanso con una bonita melodía que me acompaña adentrado ya en tierra de campos.





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