3.1.11

Una noche al raso

Tuvo el valor para viajar con un objetivo claro: estar a las nueve de la mañana del día siguiente en aquella entrevista de trabajo. La inconsciencia de la juventud y el miedo le acompañaron al volante durante el viaje. La ciudad estaba lejos, mucho más allá de donde sus ojos eran capaces de ver. La ilusión y las ganas de irse le movían la intención. Era su búsqueda; fue al encuentro de lo inesperado y del futuro agridulce. Le aguardaba una noche al raso. Pero eso todavía no lo podía ni imaginar. Lo cierto es que aquella noche acabaría convirtiéndose en el resumen de su vida condensada en unas pocas horas llenas de claroscuros emocionales y sonrisas y lágrimas de media vida desplegada sin apenas consciencia. Como una profecía que fuera a cumplirse con los años.

Solía desear que llegara pronto el viernes para disfrutar del fin de semana. Solemos tener la expectativa de que si algo cambia, nuestra vida será más dichosa. Eso nos impide vivir lo real y apreciado que hay aquí y ahora, aunque entremezclado de bocanadas de aire contaminado. Pero como la vida es tozuda, no puede darnos nada más que aquello que creemos merecer. Por eso, al renegar de lo real, la vida nos devuelve lo pretendidamente ignorado, porque no hay nada más que lo que nosotros creemos tener. Cada día me sorprendo más del sabotaje que ejercemos sobre nosotros mismos.

Cierro los ojos y dejo que me llene la música. Y la emoción que sienta será real.





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