8.2.11

Hoces y guadañas

Lejos quedan los días en los que disfrutaba la vida, por natural, sencilla y espontánea. Mi infancia y mi niñez puede encontrarse en cada rincón de aquel pueblo. Se amontonan en mi pensamiento muchos recuerdos de aquellas tardes veraniegas, repletas del sopor, la sequedad y la rudeza de estas tierras; son añoranzas de cientos de momentos que quisiera haber vivido más intensamente. Quisiera haber elegido mejor; quisiera haber jugado más con él y no haber peleado ni un solo momento. Pero no me he dado cuenta, hasta hace unos pocos días. Dedicó toda su vida a la hoz y a hacerme ver mis equivocaciones ... ahora la parca se lo ha querido llevar; han sido días de sufrimiento, de lloros y de pensamientos contradictorios conforme los médicos nos decían cómo era la cosa.


En las pasadas semanas, una amiga ha vivido una parte amarga de la existencia. Probablemente, mientras escribo estas palabras, siguen brotando lágrimas de sus ojos. Han sido días y experiencias muy duras. Pero creo que ella ha aprendido, por fin, la lección que él pretendió transmitirle a lo largo de su vida. Creo que ha entendido que ha de ser paciente con la realidad: la suya y la de quienes le rodean. Creo que se ha dado cuenta de que sólo cuidándose a sí misma, con mimo y con ternura, puede ocuparse de los demás como a ella le gusta, con generosidad y caridad cristianas. Su sonrisa y su esperanza volverán, de la misma manera que siempre volvía la confianza en ella de su padre amado.


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