28.5.11

Cruce o permanencia

La senda difuminada nos fue llevando, en su serpentear por la ladera, hasta lo más alto del monte. Desde allí el pueblo quedaba a nuestros pies y podía advertirse el azul intenso del Mediterráneo. Unos pasos más y llegaríamos a la cima. Arriba esperaba el descanso. El atardecer se fue adueñando de la situación y la oscuridad cayó sobre nosotros. Era la noche de un día cualquiera del mes de agosto en que la temperatura permite dormir al raso.  El cielo claro y limpio dejaba ver las estrellas brillantes con un extraordinario parpadeo multicolor. Una sabrosa cena a la luz del fuego fue el preludio de una larga tertulia de confidencias catárticas. La noche avanzó sin darnos cuenta. Poco a poco la luz se abrió paso y la claridad inundó los silencios que el cansancio y la falta de sueño habían provocado. Nos esperaba una larga caminata de vuelta a casa, con un descenso que resultó incómodo para las piernas doloridas por el esfuerzo del día anterior.


El camino recorrido en nuestra vida nos lleva, si sabemos mirar, a situaciones maravillosas. ¿Qué es lo que nos impide avanzar hacia la situación que deseamos? Cada uno tiene su respuesta. ¿La deseamos verdaderamente? Puede parecernos que sí, porque sabemos que no vale con cruzar una vez el Rubicón, buscando la mejor de las conquistas, y perseveramos en nuestra intención con el esfuerzo de nuestra voluntad. Pero puede parecer que no, porque en la mayoría de nosotros continúa la incomodidad, el nerviosismo, la tensión interior o, incluso, la angustia aún cuando estamos viviendo el bien en presente.

Hay un tiempo en el que creemos saber con certeza lo que nos satisface lo suficiente como para permanecer tranquilos en aquél que ha terminado por convertirse en nuestro camino. Probablemente ha sido un camino elegido, aún cuando no seamos capaces de advertirlo. Y ese logro nos recompensa con la satisfacción de lo deseado. Pero no podemos olvidar su coste. Pensar que no haya de haber coste alguno es ingenuo. Cuando eso sucede, me parece que supone una elección por permanecer, no cruzar. Y en este último caso, ése será el coste.


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