30.5.11

Sintonía en la fragilidad

Orden en el escenario; todo está en su sitio. Raro, eso sí. Supongo que es el teatro de vanguardia: simbólico y encriptado. Aparece un hombre vestido de mujer que juega el juego de la vida, que juega a las casitas: su mundo representado en un pequeño espacio, ordenado, que mima con delicadeza e intenta conservar como puede. Cierta monotonía y simpleza flota en el aire. Hay orden en el escenario y todo está en su sitio. Su compañera, ataviada con ropa masculina, aporta cierta frescura sobre las tablas. El orden se vuelve caos. Y la monotonía muta en sintonía: el baile de la vida se despliega para mostrar lo mejor y lo peor de cada uno. Piruetas y envidias; roces y arañazos. Su mundo, que con tanto cuidado había fijado, ha cambiado. Ahora nos muestran otra realidad que, como la anterior, apenas se sujeta con una cinta de papel adhesiva. Me he sentido como aquel autobiográfico caballo de cartón en el baño, de Luis Rosales.

La emoción pone color y nos muestra otra realidad que, en cualquier caso, también es frágil pues sus piezas están unidas débilmente. El movimiento da vida y nos enseña otro modo de estar que, si sabemos mirar, encierra tanta belleza como cualquier otra mirada. El misterio está, como ya habéis anotado, en la elección. Prejuicios y expectativas bloquean las emociones. Pero cuando conocemos aquello que somos, cuando somos conscientes del papel que queremos representar en nuestra vida y observamos el caos con el alma, entonces el bosque se convierte en Therabitia y nuestro puente de maderos y ramas secas se convierte en el más bonito del mundo.

El fin de semana ha habido teatro en las calles de Valladolid: ha sido emocionante.

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