22.10.11

Adelante y atrás, atrás y adelante

Siempre pensó que tenía una misión en su vida. Se "peleaba" por aquí y por allá intentando mejorar su mundo, en la justa medida de su valentía. Cuando miraba a las personas que le rodeaban no veía sino unas infinitas posibilidades de que fueran espíritus brillantes, moralmente intachables. Se sentía llamado a "hacer algo grande". Apenas le costaba sacrificarse en pos de una vida más... vida. A veces, la confusión que percibía a su alrededor le resultaba angustiosa. Estaba tan preocupado porque su comportamiento fuera ejemplar que visaba y revisaba sus decisiones, con la pretensión de una seguridad quimérica. El final de sus infinitas reflexiones, obsesivas por momentos, era un ajuste a sus convicciones del que nunca se sentía completamente tranquilo. En su fuero interno siempre estaba buscando una razón aceptable que justificara lo que creía que debía hacer. Tenía un miedo atroz a ser "malo".

Vamos a dar un pasito más en la revisión de los aspectos de nuestra personalidad. Pudiera parecer bastante lo que se ha dicho hasta ahora, pero... ¡no se vayan todavía: aún hay más! Resulta que, a corto plazo, tendemos a registrar y recordar las experiencias negativas con mayor fuerza que las positivas. También es cierto que, a largo plazo, este fenómeno psicológico cambia, siendo lo positivo lo que se recuerda con más fuerza. De otra parte, también tendemos a anticiparnos, con un cierto sesgo negativo, a las que pueden ocurrirnos en el futuro. Las expectativas que tenemos relativas a nuestra propia persona y nuestras circunstancias forman buena parte de la autoestima. Sumados los recuerdos desagradables, los pensamientos agitados y expectativas pesimistas obtenemos un balance alto de dolor emocional, y ello aun cuando nada esté saliendo mal realmente. Por esto, mientras vivamos en nuestras cabezas, perdidos en narrativas sobre el pasado y el futuro, no podremos sino angustiarnos y vivir en la ansiedad.

No hay comentarios:

Deja tu comentario: