19.10.11

¿Café o achicoria?

Había sido hábil y no necesitó explicar lo poco que le gustaba encontrarse sin nada que hacer y sin nadie con quien estar. La infancia resultó fácil y en su adolescencia se convirtió en algo así como un "especialista" de las relaciones sociales. Era el más amigo de todos sus amigos: y, por supuesto, era el que más amigos tenía. Los objetivos "a corto" le impidieron ver lo que le pasaba y una inmensa necesidad de tener a alguien a su lado cuajó en su personalidad. No podía soportar la soledad. Y, sin embargo, nadie lo sabía. No soportaba el café solo. Acabó siendo un gran consumidor de achicoria. "Es más sano" -explicaba a quien le preguntaba-.

Uno de los conflictos psicológicos internos que nos vemos obligados a resolver, antes o después, a lo largo de nuestra vida es que no sabemos cómo manejar la idea de la soledad, de la libertad personal y del sentido de nuestra vida que, en última instancia, está abocada a la muerte. Pero más allá de estos conflictos existenciales -que no tenemos en nuestra conciencia a diario- sufrimos por pequeños desencantos al no conseguir lo que queremos. Es en este sentido en el que suelo decir que la frustración y el dolor resultan inevitables. Al pasar la mayor parte de nuestro tiempo en el intento de conseguir lo que nos es agradable y de evitar lo que nos es desagradable, no es de extrañar que acabemos sintiéndonos unos seres insatisfechos. Somos capaces de encontrar la necesidad no satisfecha con sólo pararnos a pensar. Incluso podría decirse que el hecho de "parar" provoca que nuestro pensamiento identifique rápidamente lo que en ese momento nos falta. Y no es infrecuente la queja de que el pensamiento molesta. Lo veíamos días atrás. La cuestión es que para escapar de aquellos problemas más "existenciales" acabamos buscando soluciones sucedáneas. Pasa el tiempo hasta que somos capaces de responsabilizarnos de lo que nos ocurre. Entretanto, los demás acaban pareciendo los responsables del sufrimiento que nos provoca nuestra propia estima. Parémonos a pensar hasta qué punto ponemos en los demás la causa de nuestro sufrimiento y, si es el caso, qué intentamos evitar ver de nosotros mismos.

No hay comentarios:

Deja tu comentario: