26.10.11

Dos mundos

Lo único que pretendía era conseguir paz; paz consigo mismo y paz en su relación con los demás. Le gustaba leer libros que le conectaran con Dios o, en sus momentos más descreídos, con algún tipo de naturaleza galáctica o cósmica -por qué no- en quien apoyarse. Con frecuencia se descubría abstraído y con los ojos perdidos y desenfocados de cualquier realidad exterior. Podía estar en el bullicio de la calle repleta de paseantes y, sin embargo, se sentía profundamente aislado. Y en los momentos de mayor agotamiento, las fantasías emocionales le servían para huir. Estaba tan acostumbrado a pensar en lo que le preocupaba mientras tomada un café con un amigo, o mientras jugaba un partido de tenis, que apenas se daba cuenta de su parloteo interior. Sólo hacía y hacía sin apenas darse cuenta de lo que estaba pensando.


Nacemos en un estado de total dependencia, pero la vida de adultos, desde la satisfacción de las más simples necesidades a los valores más complejos, depende de la capacidad de pensar. Sin embargo, el estado mental habitual de cualquiera de nosotros es bastante propenso a la distracción. Las personas pasamos la mayor parte de nuestro tiempo pensando sobre lo que nos ha ocurrido o proyectando lo que queremos hacer. Frecuentemente conectamos el "piloto automático", un modo vivir en el que el pensamiento se ocupa de una tarea mientras el cuerpo se ocupa de otra. Pura economía del tiempo: mientras conducimos, podemos escuchar música, dialogar con nuestro acompañante o pensar en lo que nos espera en el trabajo. Ahora bien, la única manera de entrenar nuestro pensamiento es siendo conscientes de lo que hace: fijarnos bien en la película que nos proyecta nuestro pensamiento. Ser conscientes del pensamiento implica observar en dónde está puesta nuestra atención. También supone reparar en las maneras en que nos distraemos o nos preocupamos. Porque todos nosotros estamos tan acostumbrados a no prestar atención a lo que pensamos que no reparamos en que nuestra mente está abandonando el momento presente. Nuestra manera de pensar espontánea dista mucho de ser plenamente consciente de la experiencia presente.

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