30.10.11

La hierba es verde


Con frecuencia su mirada se dirigía a lo que echaba en falta. Parecía que en su vida todo acababa siendo negativo y era frecuente encontrarle con una crítica en su boca. En su intimidad podía volar por paraísos maravillosos al usar el vehículo de su imaginación; sin embargo, la realidad se le imponía fea y mísera. Le gustaba preguntar por lo que había sido en su vida o charlar sobre el provenir, más o menos inmediato; sin embargo le costaba mucho quedarse en el disfrute de la copa de vino que tenía en sus manos. Parecía que para él "la hierba siempre era más verde del otro lado".


La atención consciente, además de interferir en la preocupación y la angustia que nos provocan algunos acontecimientos de la vida -como se dijo ayer-, nos permite experimentar la riqueza de cada una de nuestras vivencias cotidianas. El aburrimiento se diluye al fijarnos en la heterogeneidad de cada momento. Todo a nuestro alrededor cobra vida conforme nuestra atención abandona los pensamientos sobre la vida y empieza a reparar en cómo son, de hecho, las vivencias como caminar, estar de pie o tomar un café con leche. Al ser capaces de apreciar que no hay dos sensaciones que sean iguales, cada una de ellas se vuelve valiosa e interesante. Y por último, considero que la atención consciente nos deja libres para vivir de una manera más sabia y más hábil en las decisiones cotidianas; y esto tiene consecuencias éticas inmediatas, pues estaremos menos preocupados por las implicaciones de nuestras acciones en nuestro bienestar particular y más centrados en el bien común, viviendo con una renovada sensación de dignidad y apreciación de lo es real en nuestra vida. En este caso, nuestras mentes funcionan con mayor claridad porque no se ven abrumadas por la ansiedad que nos provoca lo que los demás pueden pensar de nosotros, o la preocupación de si conseguiremos o no lo que deseamos; en definitiva, nos permite el despliegue de la creatividad.

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