15.10.11

La mar

La suave brisa de la noche no llega a “nuestra” terraza: en realidad no nos pertenece, aunque esta noche parece estar ahí para nosotros. En eso se ha convertido ese pequeño espacio reservado a que la luz del exterior llegue hasta las zonas menos iluminadas de la casa. Unas palmeras adornan aquí y allá. Lo que te cuento me duele y no es más que una colección de apreciaciones, quién sabe si acertadas o no. Me abstraigo y me olvido de mirarte a los ojos. Pierdo pie. El agua de mi ansiedad me cubre ya más arriba de mis hombros. Me asusto. Una canción conocida interrumpe el silencio. Es tarde y noto la rigidez de mi espalda. Levanto mis ojos y sigues ahí. Tal vez mañana pueda disfrutar al contemplar la mar en calma.

Simplificando las motivaciones psicológicas que más nos importan, podemos decir que vivimos pendientes de conseguir la máxima seguridad en nuestra vida al mismo tiempo que el cariño y la aceptación de los nuestros; además, hacemos todo lo posible para evitar el dolor y las molestias. Éste es un juego de búsqueda del placer y evitación del dolor que nos tiene estresados cada día porque no resulta fácil mantener las sensaciones de seguridad y la aceptación por parte de los demás; y mucho menos fácil nos resulta evitar continuamente las incomodidades. Es más; si nos paramos a mirar con detenimiento, incluso el simple principio de permanente búsqueda del placer nos suele tener, a la mayoría de nosotros, en una tensión suficiente como para que nos resulte difícil relajarnos y disfrutar de lo que tenemos a nuestro alrededor. Suele faltarnos un poco de esto o sobrarnos un poco de aquello. En el juego antes aludido, la mayoría de nosotros raramente logra estar tranquilo y satisfecho.

Así pues, decíamos ayer que el cambio en nuestra vida es inevitable y que resistirnos a él nos provoca estrés. Hoy, por el contrario, nos damos cuenta de que incluso el juego de buscar lo agradable y evitar lo desagradable, nos mantiene en una tensión que impide la relajación. Valdría la pena que nos paráramos a revisar qué cambios importantes ha habido en nuestra vida y a qué cambios vitales nos hemos resistido. Esto nos permitirá observar cuál es nuestro estilo típico en esa resistencia. Como en lo descrito más arriba, en cualquier encuentro de nuestra vida comparecen muchas emociones de las que aprender.

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