13.10.11

La vela

No fue más que un instante. Apenas un detalle cotidiano sin ninguna importancia. Pero la vida cambió. Sus ojos, llenos de lágrimas que resbalaban por sus mejillas, miraban con pena, como si estuviera sufriendo mucho. Su pequeña pelota verde se había deslizado debajo del sofá mientras jugaba a cogerla y tirarla y admirar cómo botaba. Pero ahora "le habían quitado" su juguete. Como ya había advertido la madre los últimos días, comenzó con una protesta enérgica para que le hicieran caso de inmediato. Alguien tenía que resolver su problema con prontitud. Y de hecho, la madre, solícita a la demanda de su hijo, acudió a su rescate. Ante la incomprensión de lo que el niño pronunciaba, optó por enseñarle una vela que había sobre una estantería. El niño, hábil por instinto, la miró y, asombrado por el brillo de la llama, dejó aparte su protesta y apartó de su rostro todo signo de frustración.

Podemos comprender buena parte de nuestro sufrimiento emocional mirando cómo reaccionamos cuando cambian las cosas: cuando nos quitan un juguete de nuestras manos, cuando llega el lunes, cuando nos mejoran las condiciones laborales, ... cuando algo de lo cotidiano cambia, no importa que sea a nuestro favor o en nuestro perjuicio. Y tendemos a pasarlo mal porque nuestra resistencia al cambio comienza muy temprano en la vida y nos acompaña en cada paso que damos. Nos resistimos -unos más y otros menos- a los cambios inevitables del transcurrir de las horas y nos produce algún desasosiego. Pero es esa resistencia lo que nos angustia, no el cambio en sí. De hecho, la mayoría de nosotros simplemente lo hacemos, sin más. Lo curioso es que aprendemos a modificar nuestro comportamiento tantas veces como nos resulta necesario para adaptarnos al medio que nos rodea (muchas veces impulsados más por nuestro ego que por el verdadero yo -de lo que hablamos ya en algunas entradas de este blog-), al mismo tiempo que "aprendemos" a sufrir cuando algunos de esos cambios nos llegan. Pararnos a pensar en qué cambios son los que más nos han costado y las emociones negativas que sentimos nos ayudará a reconocernos, lo que significa podernos aceptar.

No hay comentarios:

Deja tu comentario: