31.10.11

Miradas lejanas

Solía justificar mucho todas sus intenciones. A sus ojos la vida no tenía complicaciones. Y, sin embargo, el diálogo era fácil. Cualquier argumento contrario a “su verdad” lo batallaba con tanta energía que lograba su objetivo la mayoría de las veces. Se movía con soltura en la dialéctica de la palabra dicha. Pero, con el tiempo, la victoria supo amarga. El conversación se había tornado en monólogo. La escucha en evitación. Ella no lo entendía, pues su verdad seguía siendo la misma y, al fin y al cabo, no tenía la sensación de haberse equivocado nunca. Las miradas se alejaron.


Aunque a la mayoría de nosotros nos resulte paradójico, la mayor parte del sufrimiento emocional proviene del intento que hacemos por evitar el sufrimiento emocional. El trabajo que nos tomamos para esquivar el dolor acaba causando o fomentando “otras” dificultades que se nos presentan en la vida: hacemos muchos intentos dirigidos a bloquear, evitar, negar, anestesiar o librarnos de las incomodidades. Lógicamente elegimos lo que creemos que nos va a hacer sentir mejor. El problema es que muchas de las cosas que nos hacen sentirnos mejor a corto plazo nos hacen sentirnos mucho peor a largo plazo. En unas ocasiones recurrimos a algunas sustancias que están destinadas a alejar nuestra experiencia de alguna cosa desagradable y a dirigirla hacia algo más agradable; y todas buscan bloquear ideas o sensaciones incómodas. Pero si recurrimos a sustancias siempre que surge una sensación difícil nunca aprenderemos a gestionar bien dichas sensaciones. En otras ocasiones –tal vez las que solemos usar la mayoría de nosotros-, solemos engancharnos a una actividad determinada porque nos ayuda a distraernos de pensamientos o sensaciones desagradables. ¿Qué sueles hacer tú para evitar un recuerdo desagradable? Ninguna de tales actividades es perjudicial en sí misma; pero, si las usamos para entretenernos, entonces el asunto es distinto.

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