12.10.11

Negaciones

Contaría mil historias en las que veo cómo cada uno de nosotros nos negamos a nosotros mismos y sufrimos. Pero me limitaré a reflexionar pensando en cada una de esas historias.

Hay una tendencia que nos es connatural: hacer cuanto esfuerzo sea necesario para sentirnos bien y para evitar lo que nos resulta incómodo. Sin embargo, esta actitud no hace más que incrementarnos la irritación: muchos de nuestros problemas se originan en nuestro intento por liberarnos de ellos. Probablemente por esto hay una impresión generalizada de que la vida es difícil. Casi todos los días -por no decir todos- nuestro pensamiento nos lleva a alguna "historieta" que nos provoca sufrimiento emocional. Este sufrimiento emocional será preocupación por lo que está por venir, o enfado, o tristeza, o culpa, o vergüenza, o fastidio por el dolor físico o simplemente aburrimiento o estrés. Unas veces será suave y tolerable, pero otras inaguantable hasta imposibilitarnos llevar una vida normal. Como ya se ha dicho, todas estas emociones no son más que avisos.

Nuestra vida es un desafío emocional. Hace unos años me sorprendió la simplicidad de las palabras de Csikszentmihalyi, quien, en su libro Fluir (Kairós, 1996), afirma que la felicidad de los seres humanos "no parece depender de los acontecimientos externos, sino más bien de cómo los interpretamos [...]. Las personas que saben controlar su experiencia interna son capaces de determinar la calidad de sus vidas, eso es lo más cerca que podemos estar de ser felices". Probablemente pasamos por alto el significado de la palabra controlar -tal como la usa el citado autor-, sin darnos cuenta de que no es sinónimo de evitar.

Volver la mirada hacia nosotros mismos para conocernos puede resultar angustioso si lo que nos encontramos no nos gusta. Esa es la primera piedra en nuestro camino de la que nos tendremos que ocupar. La crítica a quienes somos hace que desvirtuemos lo que hay a nuestro alrededor. De ahí la necesidad atender con plena conciencia lo que estamos haciendo. Así nos conoceremos: podremos ver cómo nos saboteamos con hábitos mentales dolorosos. Y, ¡quién sabe!, igual podemos sustituirlos por otros.

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