27.10.11

Volando con la imaginación

Solían llamarle la atención cuando le veían "pensando en las musarañas". Ponía todo su empeño en tener todos los libros y los cuadernos preparados y bien metidos en la cartera para, a la mañana siguiente, no olvidar nada. Su madre le advertía cada noche antes de mandarle a la cama, porque eran frecuentes las quejas de sus maestros: que si ha olvidado un cuaderno, que si no ha hecho todos los deberes, que si se despista mucho en clase,... Creció con la sensación de ser un inútil y no tener ningún control sobre lo que pasaba por su cabeza. Aprendió a "observar" su pensamiento y así pudo  esforzarse en centrar su atención sólo en lo que tenía entre manos.


El parloteo de nuestra mente es incesante; va de acá para allá y lo podemos notar incluso cuando nos ocupamos de las cosas más importantes de nuestra vida, en los momentos que valoramos como realmente importantes -celebraciones o citas con personas queridas, por ejemplo-; también en esos momentos nuestro pensamiento tiende a huir al pasado o al futuro, escapando de la experiencia momento-a-momento, de lo que aquí y ahora estamos haciendo, generalmente para llegar a "lo bueno". Muy a menudo, vivimos precipitadamente tratando de librarnos de esta experiencia vital para llegar cuanto antes a otro momento que suponemos mejor. Es el resultado del principio del placer que guía nuestras vidas. El impulso constante a buscar el placer y evitar cualquier incomodidad nos hace volcarnos hacia lo que fue o hacia lo que imaginamos que va a ser un momento mejor. Pero así nos perdemos la riqueza del momento presente y acabamos lamentando no haber estado más -especialmente en momentos críticos en los que la vida parece zarandearnos-. La alternativa a esta inconsciencia es atender lo que está ocurriendo en cada preciso momento, estar atentos a lo que estamos haciendo justo ahora en vez de añorar unas cosas o proyectar otras. De alguna manera es hacer una sola cosa.

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