9.11.11

Amar porque sí

Ayer escuché la angustia. Me encontré con un amigo después del trabajo. Observé su rostro muy tenso al llegar donde habíamos quedado. Resultó que temía hacerme daño con lo que venía a contarme. Oí verdaderamente palabras feas, pero agradecí su nobleza y su lealtad y admiré su valentía. Pude poner en práctica lo que tantas veces reviso en la consulta sobre el enfado y la lucha por el poder. Pude escuchar su angustia desde mi calma. Y sí... me dolieron algunas palabras y, sobre todo, las inferencias y atribuciones sobre mis actitudes. Me salió advertirle de sus errores de percepción. Pero en realidad yo sólo quería abrazar su amistad. El resto no me importaba. Hoy agradezco nuestro encuentro.


Cada vez que nos encontramos con otra persona y honramos su existencia, vibramos juntos "en la misma longitud de onda". Del mismo modo que se nos contagia la alegría de quien se encuentra con nosotros, la admiración y el respeto también. El contagio empieza en el primer momento del contacto. La delicadeza y el respeto puesto en este gesto es una forma de reconocerle y de respetarle. Podemos aprender a valorarnos a nosotros mismos y a los demás por igual. La liberación interior -de la que hablábamos ayer- empieza por cultivar de forma deliberada ese respeto: realmente podemos elegir nuestra actitud. ¿Qué os parece? Cuando aprendemos a mirar nuestros valores, podemos ver con mayor claridad los de los demás. Lo mismo ocurre con los defectos. Y a medida que miramos con respeto y cariño, una y otra vez -aunque sintamos que no nos sale-, esa mirada se convierte en algo inestimable en las situaciones de conflicto. Y cuando una persona tiene la experiencia de alguien que le respeta y le valora, puede sentirse digno de admiración, y aceptar y reconocer lo bueno que hay en él. Así se forma la autoestima. Y esto me resulta paradójico porque parece que cuanto más apreciamos al otro como es, más quiere mejorar. No hay acomodo. Es una mirada capaz de transformar a cualquiera que sea contemplado desde el reconocimiento de su persona y desde nuestra libertad de amarle porque sí. Y esto está al alcance de cualquiera de todos nosotros.

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