13.11.11

Corazón valiente

Hace ya mucho tiempo, en una tierra muy lejana, vivía un caballero que pensaba que era bueno, generoso y amoroso. Hacía todo lo que suelen hacer los caballeros buenos, generosos y amorosos. Luchaba contra sus enemigos, que eran malos, mezquinos y odiosos. Mataba dragones y rescataba damiselas en apuros. Cuando en el asunto de la caballería había crisis, tenía la mala costumbre de rescatar damiselas incluso cuando ellas no deseaban ser rescatadas y, debido a esto, aunque muchas damas le estaban agradecidas, otras tantas se mostraban furiosas con el caballero. Él lo aceptaba con filosofía. Después de todo, no se puede contentar a todo el mundo. Nuestro caballero era famoso por su armadura [...] (Fisher, 2003). 


Hoy hablamos de apertura. Es lo más difícil. De pequeños nos enseñaron que teníamos que ser valientes y afrontar con la fuerza física las dificultades con las que nos íbamos encontrando por el camino. Mirar a otra parte o huir no estaban entre las posibilidades que nos harían valientes, bravos, fuertes... Sin embargo,  no me parecen más que medios para la expresión del miedo y de la desilusión. La valentía real no emplea la fuerza, sino la apertura. El corazón valiente es el de aquel que no teme abrirse al mundo (Kornfield, 2010). El camino transcurre por las veredas del aprendizaje de la confianza y, con ella, ir quitándonos las piezas de la armadura que nos han servido hasta ahora, como en aquel cuento del caballero oxidado: verdad, silencio, conocimiento, voluntad y osadía. En palabras del autor citado podemos decir que siendo cierto que «el mundo está lleno de dolor, de incertidumbre y de injusticia, en esta vulnerable vida humana, cada pérdida es una oportunidad parar cerrarse al mundo o para afrontarla con dignidad y dejar que el corazón responda». Necesitamos confiar en este camino para afrontar situaciones difíciles sin agresividad y sin aumentar el dolor y la angustia. Al sensación de vulnerabilidad se superará con la mirada compasiva hacia nuestros nuestros miedos, adobada con la creencia firme y profunda de que no hay otra salida verdadera. Bonita sinfonía que también hemos aprendido de pequeños y que, tal vez, haya quedado oculta bajo la armadura.

No hay comentarios:

Deja tu comentario: