25.11.11

El muchacho inadecuado

Cada mañana, al levantar la persiana de su habitación, descorrer las cortinas y abrir las ventanas de par en par, para que entrara el aire fresco del nuevo día, solía ver a lo lejos aquel viejo chopo en el que tantas veces había jugado de pequeño. Tenía mil y un recuerdos que venían a su consciencia casi sin hacer ningún esfuerzo. Un día de aquel cálido otoño que fue el del 83 sintió, ya de buena mañana, aquella punzada aguda en la boca del estómago, sensación que le había acompañado desde que su memoria le permitía recordar su existencia. Allí estaba su amigo correteando ya con el balón, calle abajo, camino del colegio. El día anterior no había conseguido parar aquella dichosa pelota que, como si de una película a cámara lenta se tratara, se le metió entre las piernas y llegó al fondo de la red. Todos sus amigos se rieron y se ruborizó tanto que todavía hoy siente aquellos colores en las mejillas...


La vergüenza es el sentimiento que nos informa de la inferioridad que sentimos al compararnos con los demás. Y parece que es uno de los afectos centrales en el desarrollo de la identidad personal, porque no hay ningún otro sentimiento tan cercano a la idea que tenemos de nosotros mismos, ni tampoco hay otro afecto que resulte tan perturbador. Suele vivenciarse como un tormento interior y es la más dolorosa experiencia del yo sentida por el propio yo, ya sea en la humillación de la cobardía o en el sentido de haber fracasado en la superación con éxito un desafío. La vergüenza es una herida ocasionada desde adentro, que nos aleja tanto de nosotros mismos como de los demás. Una persona que siente vergüenza se cuidará mucho de mostrar su yo interno ante los demás e intentará por todos los medios no exponer su yo interno ante sí mismo, porque lo considera inadecuado.

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