7.11.11

El sueño confiado

El niño parecía no tener sueño nunca. Aquel juego comenzó por el capricho de la buena ventura y ahora ese momento les alimenta y les alienta a ambos. En la escena el niño se queja porque no quiere dejar de jugar. Llora cuando se le advierte que debe irse a la cama. Ante lo inevitable, se agarra con fuerza a sus peluches que le dan seguridad y cierra los ojos con fuerza como pretendiendo acabar con aquello cuanto antes. De vez en cuando, los abre para mirar de reojo y comprobar la presencia del padre. Él le acaricia su mano para hacerse notar e intentar tranquilizarlo. Y entonces el niño la abre para recibir las caricias en su palma y ofrecer a los demás, al mismo tiempo, aquello que está recibiendo. Tras un suspiro profundo, cae dormido.


Cada uno de nosotros debe apartar las piedras que va encontrando en su propio camino para llegar a percibir la dignidad personal de quienes nos rodean. La inocencia está en todas las personas, si nos proponemos verla. Como se decía ayer, es un ejercicio de nuestra conciencia. En la literatura y en el cine encontramos muchos ejemplos en los que se nos muestra cómo se puede hacer esa tarea de desbrozo. Una manera es movernos en el marco de referencia temporal e imaginar a la persona que está ante nosotros como un niño pequeño, todavía joven e inocente. Otra manera de hacerlo es movernos hacia adelante en el tiempo y visualizar a la persona en el final de su vida, enferma, vulnerable, abierta, sin nada que esconder. O, si preferimos quedarnos en el presente, podremos intentar ver a cada persona luchando por llevar sus cargas, tras la felicidad y la dignidad. Debajo del caparazón del ego, de los miedos y de la necesidad, de la agresividad y del dolor, encontraremos a un ser humano como nosotros, con la misma comprensión y compasión que buscamos en nosotros mismos. Solemos poner tanta atención en las capas protectoras del miedo, la tristeza, la ira y la ignorancia que olvidamos quiénes somos realmente y quienes son quienes nos rodean. No desfallezcamos en nuestro intento: en él está nuestra felicidad.

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