18.11.11

Lentejas saladas

Cuentan los mayores, los que tienen experiencia de la vida, que "en el pecado va la penitencia", aunque nos mostremos orgullosos de nuestros pasos. Aquel día, vino a poner su atención en lo que había estado oculto durante tanto tiempo. Había esquivado muchas conversaciones sobre asuntos que le molestaban, pero la tozudez de la realidad se mostró tajante. Le costaba mucho aceptar como válida su manera de pensar y acababan discutiendo porque las lentejas estaban muy saladas. Un día y otro lograba dejar en la trastienda la rabia que sentía: ¡era tan lógico! ¡Cómo podía verlo de otro modo! Al final, siempre acababa llegando un momento de debilidad en que las palabras salían a borbotones. Y vuelta a empezar. Ocultar lo real no lo evita. 


Veamos algunas características más de la consciencia. La consciencia es inalterable; como una cámara de vídeo, graba todo lo que ocurre ante ella, sin distinguir, sin discriminar, sin dejar nada de lado. Y, por otro lado, es momentánea, en cada momento está viviendo en toda su intensidad lo que recibe; surge, así, un estado singular de la consciencia que tiene el sabor de esa experiencia presente. Ahí es donde cabe el entrenamiento en la plena consciencia, en dirigirla hacia lo que en ese momento está "grabando". Sobre todo porque todo adquiere el matiz de lo que está recibiendo, el color -sobre todo emocional- de lo que está pasando en ese momento. Cada emoción, cada sentimiento o cada estado de ánimo tiñe de un color el instante consciente. Y como ya hemos dicho, estas emociones vienen con las historias que nos contamos, con las percepciones recibimos, con las creencias en las que nos apoyamos y con las intenciones últimas que explicitamos o no. Lo habitual es que nos centremos en la historia contada o en la creencia adquirida, pero sin advertir que existe siempre una consciencia que la recibe. Estamos tan metidos en la "matrix" que no nos damos cuenta de ella. Solemos centrarnos en el contenido, no en el continente. A través de la plena consciencia aprendemos a identificar qué es lo que colorea en cada momento nuestra vivencia. Y, lo más difícil, podemos aprender a cambiar las historias y las creencias o las intenciones reconociendo que todos los estados posibles son simplemente apariencias de una misma consciencia.

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