27.11.11

Montaña rusa

Su vida no fluía. La sentía a borbotones. Un día se instalaba en la tristeza y al siguiente se reía y le invadía una clara sensación de felicidad. Tenía la impresión de que su estado de ánimo dependía de lo que ocurría a su alrededor. Aquel día había «tocado» algo bonito que había disfrutado y, aunque no sabía qué ocurriría, estaba feliz. Al siguiente sobrevino una noticia impactante de las que suelen sacarnos unos días de la circulación. Vivía como en una montaña rusa. Su vida no fluía.


¿Cómo nos hemos despertado hoy? Cuando aprendemos a darnos cuenta de la «emisora a la que nos hemos sintonizado», podemos también ver cuáles son las emisoras que más escuchamos haciendo un sencillo registro de nuestros gustos. El estado mental está condicionado a esa costumbre y prestando atención podremos reconocer cuán a menudo la experiencia de un momento va seguida de una reacción inmediata habitual. Puede que nos sorprenda ver lo impersonales y frecuentes que son nuestras respuestas, como si fuéramos máquinas. Pero, si insistimos en el ejercicio, poco a poco comprobaremos que la atención consciente nos ofrece la opción de elegir una respuesta más saludable. Con el simple acto de observar las emociones negativas, sin alimentarlas, empezarán a suavizarse para dar paso al alivio al no quedarnos atascados obsesivamente en los estados de infelicidad anteriores. Al entrenarnos en la atención consciente, podremos elegir las naranjas maduras y dejar a un lado las que todavía están verdes, o las que ya están podridas o pasadas. Con la atención consciente nos damos cuenta de qué experiencias, agradables y desagradables, estamos sintiendo ahora y nos ponemos en disposición de elegir aquéllas que nos acercan a nuestra integridad, al amor, a la generosidad y a la simplicidad vital: de algún modo es darse cuenta de que llevamos la armadura puesta y, en ese momento, elegir si nos la dejamos puesta o nos la empezamos quitar.

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