16.11.11

Mucho más que palabras

Nunca llegó a olvidar lo que vivió aquellos días del invierno, cuando el tiempo transcurría a golpes de aire fresco; como en una tormenta de verano, la atmósfera se limpió dándole a la vida un color vivo y alegre. Sostuvo su soledad (31 diciembre, 2010) y recibió el regalo de la emoción. Aquella melodía al clarinete resultó ser como el canto de las sirenas que, según cuentan quienes lo han escuchado, es celestial. Fue mucho más que un gesto; las palabras bullían en su interior, mezcladas con sensaciones con pretensión de representar el papel protagonista. Palabras que preguntaban y respondían al mismo tiempo los por qués, los para qués y, quién sabe, si los cuándos de sus inquietudes que, en aquel momento, resultaban totalmente quiméricas. Mucho más que palabras interpretadas al piano sordo de la vida imaginada. Preguntas y respuestas: ilusiones y expectativas que en su pensamiento salpimentaban lo cotidianamente rutinario. La inquietud, el miedo y la ilusión vinieron a conformar un diálogo interno y paralelo rico en vivencias imaginadas. Juegos de palabras con el misterio de lo dicho a medias. Y nunca llegó la apertura hasta aquel día en que la lluvia del otoño deshizo el hechizo. La inquietud se calmó. Ahora, tal vez, pudiera haber diálogo y encuentro reales. Pero sus manos frías mostraban el susto que se había instalado en su cuerpo; y es que las historias se cuentan entre los vapores de los destilados y los humos aspirados; quien sabe, igual hay verdad en todo aquello. El invierno llama a la puerta con su chimenea chisporroteante bajo la mirada absorta y perdida en diálogos internos que se nutren de aventuras y deseos. Los adornos navideños ya empiezan a adornar los escaparates y los recuerdos se acumulan en su pensamiento. Fueron, al fin y al cabo, mucho más que palabras.


Apenas tengo unas líneas para comentar cómo nos afectan los diálogos internos y paralelos de nuestras conversaciones. Los encuentros personales están sembrados de opiniones y juicios que raramente expresamos en voz alta. Y, sin embargo, afectan. Probablemente no queremos -o no podemos- expresar lo que se nos ocurre cuando hablamos con otra persona. Inventamos mil piruetas para acabar expresando lo políticamente correcto. Pero pongamos un poco de consciencia y miremos a ver cómo lo hacemos. ¿Cómo lo sueles hacer tú? Y, ¿para qué lo haces? Seguiremos.


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