10.11.11

¡Ojo con los niños!

Hay que tener cuidado con los niños porque, en cuanto te descuidas, los pantalones se les quedan cortos. Se cogen rabietas por no tener lo que les apetece en esos momentos y, por menos de nada, les dicen a sus madres: ¡Eres mala! ¡Ya no te quiero! -todo eso con ramplonería-. Algunos de ellos, ya de más mayorcitos, quieren vestir con «ropa de marca» y perfumarse con colonias de esas caras. En sus ratos especiales, culpan a los demás de sus frustraciones porque ellos, aún con sus dificultades reconocidas, lo hacen casi todo bien. A veces gritan, pero lo confieso, yo no les he oído. Dicen los libros que esos niños son egocéntricos porque tienen la autoestima enfermita. En fin... no sé... pero como me lo han dicho, pues aquí queda escrito, no vaya a ser que sea cierto y alguien tenga alguno cerca. ¡Es que hay que andarse con cuidado con esos niños!


Si somos capaces de darnos cuenta de que el miedo, el nerviosismo y/o la angustia comienzan en la ignorancia, nos acercaremos un poco a la comprensión. Solemos sentirnos confundidos por no entender el sentido de lo que nos ocurre; y tendemos a mirar hacia afuera para ver la causa del «descuadre del balance». Pero sufrimos porque estamos ciegos; y la salida no puede ser culpar -para evitar responsabilidades- ni culparnos -para justificarnos-. De hecho, así, no funciona. La respuesta natural a esta ceguera es la caridad y la mirada amable hacia uno mismo; de hecho, parece que esta actitud compasiva hacia uno mismo surge espontánea si observamos la verdad de nuestra postura y de nuestra situación. Así facilitamos la curación. El sentimiento de falta de valía personal no mejora si la ignorancia y las vivencias dolorosas ocultan la verdad a nuestro entendimiento y, en su lugar, vemos envidias, ansiedades, temores, enfados y vergüenzas. Obviamente, la compasión de los demás con nuestros defectos nos da coraje y nos ayuda a encontrar nuestra propia libertad en medio del dolor. Lo que ocurre es que no siempre está disponible ese apoyo y, por contra, no resulta tan difícil adoptar aquella actitud compasiva con uno mismo.

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