6.11.11

Realidad en las emociones

Nada más abrirse la puerta del ascensor miró hacia el fondo del pasillo. Estaba oscuro pues la luz de las tardes otoñales es ya muy tenue a esas horas; sobre todo si, como era el caso, está nublado. Su cara de expectación, mantenida desde que la madre le bajó del coche, se tornó seria y cariacontecida. La miró buscando una solución. Ella le animó a buscar en la negrura. Se abrió la puerta de la casa y el pasillo se iluminó de pronto. El niño, con los pasos torpes propios de quien prácticamente acaba de aprender a caminar, se puso a corretear con los brazos abiertos y la felicidad a flor de piel. Le abrazó con la fuerza que su edad y sus brazos le permitieron.


Las fantasías sirven para motivar: nos empujan a conseguir en la vida algo real. Con frecuencia me descubro a mí mismo interrogándome sobre la bondad natural del ser humano. Por momentos dudo e intento detenerme en lo real que está a mi alcance -como las emociones de la escena descrita arriba-. Es ahí donde podemos descubrir una forma radicalmente diferente de ver y de ser, lo que influye, en última instancia, en un modo distinto de estar. Obviamente, podría haber expuesto escenas en las que hay dolor y sufrimiento, vulnerabilidad, en definitiva. De hecho, lo habitual es que reparemos en la dignidad de las personas cuando se nos hacen patentes sus padecimientos; y ello a pesar de que en nuestra cultura no está muy bien visto el sufrimiento: se nos enseña a evitar el malestar a toda costa y la "búsqueda de la felicidad" se ha convertido en "el deber de la felicidad" (Kornfield, 2010). Y, sin embargo, en palabras del autor citado, cuando sufrimos, es enormemente reconfortante y útil reconocer la verdad del sufrimiento. En realidad es la única manera de no cubrirnos con un ego hedonista y cínico que nos impida darnos cuenta de lo que está pasándonos en realidad, de darnos cuenta de las emociones reales. Y es que los armónicos de esta actitud negativista suelen ser actitudes defensivas, como la búsqueda de poder y la culpabilización de los demás.

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