28.11.11

Sol de noche

Poco a poco fue aprendiendo mirar su interior. Al principio no podía dejar de pensar que aquello no tenía sentido. Su pensamiento no se centraba: le venían los problemas cotidianos a la mente sin poder evitarlos de ningún modo, por mucho que se empeñara en concentrarse en la respiración, tal y como le habían dicho. Aquel día pudo ver la inquietud y el enfado de la tarde y no hizo nada por resolverlo. Estaba bien así. Vio, después, el aburrimiento y también lo dejó estar. Más tarde se notó concentrado en una tarea que disfruta y que le ayuda a fluir. También lo dejó pasar sin apegarse a lo grato. Vino luego la ilusión, un halo de tranquilidad, breve, como un clic en el ratón del ordenador. La niebla había intentado confundirle pero sabía que, por encima de ella, el Sol resplandecía aún en la noche. Cada día aprendía un poco más a mirar su interior.


¿Quién soy? Probablemente ésta es la pregunta más difícil a la que nunca nos hemos enfrentado. La respuesta sólo podemos darla cada uno. Es la clave que explica su dificultad. Podemos contestarla de manera que acabemos cayendo en la confusión y en la confrontación: pero, aún en las guerras ganadas, no nos da paz. Podemos, por contra, contestar a aquella pregunta de manera que, sea cual sea la situación, logremos libertad y calma. Es absolutamente crucial entender este conflicto humano, porque solemos responder identificándonos con nuestro cuerpo, o con nuestra manera de ser, o con nuestras creencias, o con nuestros roles, o con nuestra situación en la vida... Esta identificación ocurre de forma inconsciente, una y otra vez, cada vez que tomamos nuestros sentimientos, pensamientos o percepciones como el yo verdadero. El problema es que una actitud disyuntiva la que mostramos en esa respuesta y, por esa razón, tiene un alcance limitado del yo, lo que crea nuestro sufrimiento. Deshacernos de estas limitaciones, darnos cuenta de que no somos sólo lo que creemos que somos, puede librarnos de la confusión. Lo que tomamos como yo es provisional, ficticio, construido por el apego, una identificación temporal con alguna parte de nuestra experiencia. ¿Quién creo que soy?

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