5.11.11

Sonrisa regalada

Llueve y comienza a hacer frío. El ajetreo del bar me resulta molesto a esta hora -son más de las diez de la noche- y mi atención se dispersa con facilidad. Noto el cansancio. Noto, también, una profunda gratitud.  Me conmueve la llegada de dos personas que, empapadas, acaban de entrar corriendo para protegerse de la lluvia. Los bajos de sus pantalones están mojados y sacuden el paraguas bajo el umbral de la puerta de entrada al bar. Sus gestos son tranquilos, suaves, dulces. Sus miradas parecen sinceras, naturales, espontáneas, inocentes, profundas, verdaderas... Sus ojos se buscan y se interrogan desde el silencio cómplice. Sonríen. Una de las personas se gira hacia mí; me mira y me sonríe. Sonrío y siento gratitud por su regalo.


Hoy he conversado sobre fantasías. Me mueve una quimera: que descubramos el poder del corazón para acoger nuestras tristezas, soledades, vergüenzas, deseos, arrepentimientos, frustraciones, alegrías, fantasías... y que encontremos la confianza profunda en cada uno de nosotros, para que ante cualquier cosa que hagamos y cualquier cosa a la que tengamos que hacer frente, podamos ser libres. El comienzo es fácil, como mi regalo-sonrisa: un simple poner atención a nuestra manera de estar en la vida, de manera cuidadosa, considerada y respetuosa. El sufrimiento y la felicidad de nuestro mundo, tanto individuales como colectivos, dependen de nuestra conciencia.  Y es que cada uno de nosotros ha tenido que hacer frente a situaciones vividas tan amenazantes que nos han llevado a cubrir nuestra nobleza natural. Ese fue nuestro primer regalo sólo por ser quienes somos: nuestra dignidad personal. Pero parece que nos hemos olvidado de esa naturaleza esencial. La mayor parte del tiempo actuamos desde la capa protectora. Tengo la ilusión de destapar nuestra bondad original. Y ello a pesar de que la mayoría de nosotros consideramos que somos nuestros peores miedos y pensamientos, nuestra parte más oscura. Sin embargo, una parte de nosotros sabe que el yo asustado y herido no es lo que verdaderamente somos. Y, por esta razón, todos solemos tener la vivencia íntima de que necesitamos encontrar la manera de ser completos y libres. Me mueve una quimera.

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