24.11.11

Sueño

Con la regularidad del segundero, llegaba el día en que tenía la sensación de que la vida se le hacía más difícil de llevar adelante: cansancio, pesadez, malhumor, irascibilidad... incluso tristeza. Y no lograba entender lo que ocurría. Solía repetirse con tanta exactitud que se despistaba: aquella sensación aparecía con independencia de su estado de ánimo, con independencia de las circunstancias externas del trabajo, familia... todo un misterio. Acudió al médico y, tras un largo interrogatorio y medidas de distintos parámetros biológicos, le preguntó: ¿Cuántas horas duerme usted la noche anterior a ese día en que se encuentra tan mal?


Demos unas últimas pinceladas al cuadro, aunque ya lo habéis expresado con tino en un comentario de ayer. Efectivamente, la percepción de lo que nos llega desde los sentidos está coloreada por el estado de ánimo de ese momento. El estado mental en el que nos encontramos constituye el tercer aspecto de la experiencia humana y matiza, siempre, la percepción. Además, con cada sensación nueva junto con su acto de consciencia, surgen cualidades nuevas en la mente que la modifican, como la preocupación, el orgullo, la excitación... Estas cualidades están entre los sentidos y la consciencia, y añaden su matiz a la vivencia: son como un filtro a través del que ha de pasar toda sensación que recibimos. Cuando comprendemos bien esto somos capaces de desplazar la atención de los problemas externos a los estados internos que conforman la vivencia. Y esto tiene mucho que ver con la sensación de bienestar y de felicidad, porque la presencia de estados mentales saludables crea una vivencia sana, mientras que la presencia de estados mentales dañinos crea preocupación, angustia, infelicidad y, en última instancia, enfermedad mental. No se trata de centrarnos en lo que pensamos, sino quedarse un paso más atrás para investigar, con la atención consciente, el funcionamiento de los propios estados mentales, para aprender a liberarnos de aquéllos que nos provocan sufrimiento y a favorecer los que producen dicha.

No hay comentarios:

Deja tu comentario: