20.12.11

Arena de playa

«El arte de vivir no es ir a la deriva despreocupadamente ni tampoco aferrarse a las cosas con temor. Consiste en ser sensibles a cada momento que se presenta, en contemplarlo como algo absolutamente nuevo y único, en tener la mente abierta y totalmente receptiva» (Alan Watts).


El niño jugaba ensimismado con la arena de la playa. Me detuve a observar la escena. Al principio, estuvo jugando con arena seca, lanzándola al aire. Me di cuenta de que cuanto más apretaba sus dedos contra la palma de su mano para que no se le escapara ni un granito de arena seca, más se le escurría hasta sostener apenas unos pocos granos. Un rato después se acercó al agua y se puso a jugar con área humedecida por el ir y venir de las olas. Observó con sorpresa que ahora la arena estaba apelotonada y se le quedaba pegada a la piel. Tras lanzar unas cuantas bolas de arena, intentaba sacudirse todos los granitos que tenía en las manos. No lo conseguía y gritaba para expresar su rabia. 


Permitirnos sentir las aflicciones y los miedos con la atención consciente -dejarse caer en ellos- es un acto de superación; lo mismo ocurre si nos permitimos simplemente escuchar y acoger a los demás en sus dificultades en lugar de intentar darles una solución pronta a lo que nos cuentan. Sin embargo, con paciencia y con valentía, podemos aprender poco a poco a dejarnos caer en esas emociones sentidas en ese momento y podemos aprender a sentir la contracción o el temblor de nuestro cuerpo, sin huir. Si atendemos conscientemente a las emociones que sentimos, éstas pierden su sentido y acaban reduciendo su intensidad hasta el punto de no molestarnos. Y si, refiriéndonos al pensamiento, nos damos cuenta de las historias interminables que se repiten una y otra vez en nuestra cabeza, tendremos la oportunidad de soltarlas para aquietar la mente y, con la atención consciente, volver a lo que en el presente nos está sucediendo. Por contra, cuanto más luchamos por hacerlas desaparecer, más permanecen. Pronto nos daremos cuenta de que lo más difícil es dejarse caer sobre los demonios interiores, como la inseguridad, la soledad, la vergüenza, el aburrimiento, las frustraciones y el dolor. La atención consciente puede resultarnos útil porque no rechaza la experiencia, sino que la toma como guía para nuestro camino. Cuando la arena de la playa se seca, suavemente nos la podemos quitar de la piel.

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