14.12.11

Gotas de agua

«¡Caen gotas de agua!». Sus ojos brillaban en el intento de vivir. Desde su inocencia infantil no entendía bien como sucedía aquello. La madre, atenta siempre a sus demandas y necesidades, se acercó para protegerle de la lluvia y de la ventisca que se había levantado. «Llueve» -le respondió cariñosa y dulcemente-. Y, como si fuera una coreografía ensayada mil millones de veces, alargó sus brazos para que subiera a los suyos y se apretaron el uno contra el otro. No mediaron más palabras. Llovía, simplemente.


Los conceptos nos sirven para aprehender la realidad de modo que nos resulte comprensiva. Pero no son la realidad misma. Ni siquiera tienen la capacidad de transmitir la riqueza de lo que está sucediendo en este preciso instante. De ahí que las palabras "siempre" o "nunca" no tengan mucho significado si nos olvidamos de las emociones: por ejemplo, decir "Estoy bien" apenas nos da información. Necesitamos los conceptos, sí, pero la realidad va mucho más allá. Al poner atención en las emociones mantenernos atentos a lo que con ellas sucede, nos daremos cuenta de que son dinámicos. Incluso cuando sentimos dolor intenso y profundo, hay momentos en los que estamos ocupados y lo olvidamos. Lo mismo ocurre cuando estamos contentos, no lo estamos en todos y cada uno de los momentos. Conviene aprender a distinguir entre el mundo de los conceptos, rígido e inmutable, y el mundo de las sensaciones y las percepciones, que es dinámico y cambiante, con connotaciones, matices y tonalidades emocionales que aportan mucho significado a nuestra vida. Lo mismo ocurre con el concepto del tiempo; tenemos la idea de pasado, presente y futuro, pero, en realidad, sólo vivimos en el presente. El pasado es sólo un recuerdo, el futuro sólo una imagen o una idea. Y cada escena, se nos muestra con gradaciones emocionales. Sin embargo, en nuestra sociedad está sometida por los conceptos de objetivos, planes, programas de mejora, productividad... Eso nos hace estar revisando los errores del pasado para conseguir más en  el futuro. Y, entretanto, la vida se nos escapa.

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