19.12.11

Juicios

Un amigo, apesadumbrado, me espetó tras oírme durante un buen rato: «Yo gané, sin duda; pero nunca vale la pena». Terminamos el vino que compartíamos.


Podemos aceptarnos los unos a los otros y disfrutar de la vida, o juzgarnos los unos a los otros y ser infelices. La autopreocupación es un estado de la mente infeliz, aunque ofrece algunos placeres temporales, y debe examinarse de un modo totalmente sincero. Por ejemplo, la venganza puede parecer muy satisfactoria durante un momento y los actos de rencor pueden hacer que nos sintamos más seguros. Pero existe otro conjunto de placeres que provienen de la empatía, la tolerancia y la confianza en la actuación de otras personas, que nunca conducen a la miseria. Si realmente existe una Orientación mayor, ¿quién soy yo para juzgar lo que los demás deberían estar haciendo? Esto es lo que significa confiar en los demás.


La ira nunca está justificada. El simple reconocimiento de que Dios no juzga a la persona que yo estoy juzgando empieza a reducir mi certeza de que mi ira es justificada.


(Textos de Hugh Prather (2006). Palabras para cada amanecer. Edt. RBA).

No hay comentarios:

Deja tu comentario: