13.12.11

Migas en el camino

Nada parecía irreal; era consciente de su ensoñación y se tomaba aquel vino imaginado a pequeños sorbos, para saborearlo. Pero en la fantasía no hay realidad: como los sueños, la ilusión se desvanece cuando ya casi la estás tocando con los dedos. Había leído y escuchado, como si de una sentencia se tratara, aquello de «creer es crear» (www.creerescrear.com). Y, tras algunas palabras perdidas entre las miradas furtivas y las bromas de amigos, tuvo que preguntarse: ¿Qué es lo que tú crees? La rueda de la vida le llevaba en volandas, mientras vivía retirado en sus sueños. Se percató: los sueños no son realidad y no se puede creer en lo no real. Ahora todo parecía irreal y el vacío le inundó. Lloraba. Tiritaba de miedo. Pero pudo atinar a ver las migas que el sueño había dejado marcando el camino. Quiso recorrerlo y, entonces, pudo creer en algo real.


Reza el refrán: «A Dios rogando y con el mazo dando». La sabiduría popular ha resumido en esas pocas palabras la idea de que el recurso a la trascendencia, siendo clave en nuestra vida, no puede emplearse para evitar nuestras responsabilidades. Algunas veces, el dolor que sentimos ha sido tan intenso que las heridas que lo produjeron nos mantienen retirados en el mundo de lo trascendente, sin llegar a tomar las decisiones que lo podrían resolver. Pero sin el contacto con la realidad, sin el conocimiento real de nuestro alrededor, las experiencias espirituales más genuinas no nos resultarán de gran ayuda. Y, por esta razón, habrá que estar muy atentos a si nos escondemos en lo espiritual para escapar de alguna emoción o de alguna experiencia. Si estamos enfadados, no hay más que admitirlo, buscar las razones por las que nos enfadamos y conocer nuestras reacciones habituales. Si estamos tristes o sentimos miedo o padecemos vergüenza o alguna necesidad, ésa es nuestra manera de ser humanos en el aquí y el ahora, por lo que ésa es la indicación de nuestro camino. No se puede encontrar la libertad en otra parte que no sea en lo que nos ocurre aquí y ahora para desarrollar nuestra integridad personal. Si nos asusta vivir la vida que tenemos, tendremos que explorar esa resistencia, aunque el miedo al fracaso, a defraudar, a hacer daño o a que nos lo hagan y la inseguridad nos lo pongan más difícil. Necesitamos hacernos conscientes de cualquier cosa que nos esté impidiendo vivir completamente.

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