10.12.11

Pequeños detalles

No conocía lo que el futuro iba a depararle. Su fantasía iluminaba sus días con imágenes que le nutrían hasta saciarle; el viento sobre su rostro asemejaba el roce de su mano suave y delicada; su voz un beso para sus oídos. Un día, cuando el otoño mostraba su lado más cálido y amable -debió de ser por el veranillo de San Martín de 2005-, con una cerveza bien fría para refrescarse de los últimos calores y la intimidad de la amistad sincera, vino a escuchar que no se puede vivir de fantasías. Aquello cambió su vida. Un pequeño detalle en una conversación entre buenos amigos que no fue más que un empujón para que mirara a la persona real de su fantasía. Poco después el futuro se hizo presente y quién sabe... lo nuevo estaba por llegar.


Efectivamente, quedarse sólo con lo universal no es suficiente para explicar lo que nos ocurre a las personas. Hemos hablado alguna que otra vez sobre la dignidad del ser humano individual. Desde la mirada holística debemos volver a lo concreto, evitando quedarnos atrapados o apegados a esa dimensión más trascendente de la realidad. Debemos honrar las realidades tangibles del mundo. Desde un punto de vista, la vida es sueño. Pero desde otro, cada pequeño detalle tiene una importancia capital. Podemos conseguir que nuestra mente se acalle, se quede silenciosa y vacía de todo aquello que no nos aporta. Si sólo nos quedamos en eso, podríamos caer así en la fantasía de lo onírico. Sin embargo, el mundo real lo es todo. Los pequeños detalles de la vida real acaban configurando lo que haya de ser nuestra existencia. En el respeto de estos pequeños detalles nos jugamos el salir o no de la fantasía en la que nos instalamos todos nosotros. La realidad es la que es, independientemente de que la veamos desde nuestro prisma. Será en el cuidado de los pequeños detalles de la realidad donde podremos conectar lo holístico y lo individual, lo trascendente y lo humano.

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