4.12.11

Rollo de tela

Me he parado a mirar y hoy me he encontrado la sencillez de Los cerezos en diciembre (2011) de Almada y la humildad de su mensaje; el recuerdo del frío sobre la piel de mi cara y la inconsciencia de un rato en el bullicio de un bar con cerveza por doquier; la suavidad del café costarricense aromatizado con vainilla y la autenticidad en el encuentro; la calidez de Yuhki Kuramoto en Paris, Winter (http://youtu.be/JLyppAP6nBE), y la tensión en Memory of Love (http://youtu.be/TnroEJIqOCQ); el colorido de los barcos de pesca pintados a la acuarela (http://pintorgaliano.com/images/galiano%20034.jpg) y la claridad del recuerdo de tantas tardes pescando en el Mediterráneo; el desorden de un armario apenas atendido durante meses y la tranquilidad al ordenarlo lentamente; la ilusión en la redacción de una carta a los Reyes Magos que por razones singulares había que escribir estos días y el sabor intenso de unas lentejas cocinadas a fuego lento; y la gratitud a los niños que no han racaneado sonrisas y cariños... todo un mar de emociones que, si nos descuidamos, dejamos pasar sin darnos cuenta.


«Después de buscarlo durante más de un siglo, los investigadores del cerebro hace tiempo que han llegado a la conclusión de que no existe un lugar concebible donde se pueda localizar al yo dentro del cerebro físico, y que simplemente no existe» (Revista Time, 2002). Entonces... no sólo los papeles que representamos y la imagen que tenemos son temporales y carecen de consistencia. Por lo afirmado arriba, incluso nuestro sentido del yo es fundamentalmente incierto, circunstancial y variable. Creemos que somos lo que hace nuestra personalidad, lo que muestra nuestro cuerpo, lo que piensa nuestra mente y y lo que sentimos, pero, en realidad, no estamos definitivamente apegados a nada de esto. Por ejemplo, debemos cuidar nuestro cuerpo, sí, pero si nos aferramos a una imagen de él que nos guste, será un problema para nosotros cuando comience a cambiar por el envejecimiento. Cuando indagamos al estilo que comentábamos ayer, descubrimos que la idea del yo que somos se construye momento a momento, vivencia a vivencia. Si logramos soltarnos de las todas esas identificaciones, la experiencia de cada momento es simplemente lo que es, sin nadie que las posea. Bajo la luz de la consciencia, el yo actual se relaja. Y lo que se ve sólo es el rollo de tela de la vida que se despliega.

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