15.12.11

Urueña

Había esperado con ilusión aquel momento. Posiblemente muchos de sus pensamientos de los últimos días tenían que ver con aquel encuentro. Los nervios y la ansiedad le habían hecho contar los minutos y hasta los segundos que cadenciosamente habían marcado su vida. Llegado el momento, comenzó a disfrutar del viaje, primero, y del paseo, más tarde: la tensión del encuentro y la belleza del paisaje le extasiaron. Sintió que las horas de la tarde habían transcurrido como un sólo instante cuando el Sol, lenta pero inexorablemente, comenzó a esconderse por el horizonte. Apenas unos minutos más y el espectáculo habría terminado. Le valió la pena la larga espera para la vivencia tan corta.


Tras unas cuantas entradas dedicadas a otros asuntos, volvemos la mirada, de nuevo, a la atención consciente porque sólo en el entrenamiento en el aquí y el ahora conseguiremos ser libres. Cuando no estamos preocupados por el tiempo, nos encontramos vivos en el presente: todos hemos tenido la vivencia de que una tarde entera se nos ha pasado "volando" y, sin embargo, en otras ocasiones apenas diez minutos se nos han hecho larguísimos. En la primera situación probablemente no estamos pendientes del tiempo y, por eso, vivimos. Gran parte de la profunda insatisfacción de la vida moderna surge porque vivimos de una manera cada vez más desconectada de lo que en cada momento estamos haciendo. Ya es hora de que nos reconectemos con la vida. Cuando recordamos quiénes realmente somos, unimos lo personal con lo universal. En vez de volvernos más incorpóreos o espiritualmente rígidos, contemplamos con sentido del humor toda la danza de la vida, y todo se vuelve más fácil y ligero. Podemos hablar de lo mundano y podemos descubrir en cada persona su nobleza y belleza intemporal, más allá de la edad, y sus circunstancias personales. Podemos aceptar las estaciones siempre cambiantes de la vida y conocer su fugaz danza efímera. Honrando nuestra verdadera naturaleza, podemos reírnos con sabiduría y cuidar con ternura cada momento precioso de cada día que se nos ofrece.

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